La fe no solamente se cree, se piensa

Historiadores de la ciencia y de la religión, filósofos, teólogos, científicos, e incluso nosotros, nos hemos cuestionado sobre la relación entre la religión y la ciencia. Algunas preguntas críticas en este debate son si estas son compatibles, si las creencias religiosas pueden conducir a la ciencia (o necesariamente inhibirla), o viceversa. Parece como si la ciencia y la religión hubieran llegado a una posición de franco desacuerdo, del cual no puede haber escapatoria, excepto abandonando la clara enseñanza de la ciencia o la clara enseñanza de la religión. ¿Tú qué piensas?
Muchos simplemente reconocen que ambas se ocupan de diferentes ámbitos de la experiencia humana. La ciencia investiga el mundo natural, mientras que la religión trata de lo espiritual y lo sobrenatural; por lo tanto, las dos pueden ser complementarias. ¿Fin de la discusión? No, ya que el ser complementarias no significa que la ciencia y la religión nunca entren en conflicto. Aunque las dos generalmente tratan con reinos diferentes (naturales vs. espirituales), surgen desacuerdos sobre dónde se encuentran los límites entre estos reinos cuando se trata de preguntas en su interfaz. Y a veces, un lado cruza los límites.
¿Cuáles son los límites de la ciencia?
En este eterno debate que proponen la ciencia y la religión es importantísimo estar abiertos a diversas opiniones y conceptos que probablemente no dominamos en la vida cotidiana. Por lo cual, muchas veces es de vital importancia darle una definición a cada concepto para comprender mejor su naturaleza.
El P. Carreira, astrofísico, filósofo y teólogo jesuita, menciona que la definición de materia para los científicos es: todo y sólo aquello que puede interactuar con una de las cuatro fuerzas fundamentales de la física, la gravitacional, electromagnética, fuerza nuclear fuerte y fuerza nuclear débil.
Esto nos muestra que hay muchos conceptos que el ser humano ha desarrollado a lo largo de su historia que escapan a la pura definición de materia y podemos darnos cuenta de que si bien nuestras emociones pueden identificarse o traducirse como reacciones eléctricas, hormonas, es decir, materia, los humanos no estamos compuestos exclusivamente de materia sino que también tenemos una esencia, misma que no puede interactuar con estas cuatro fuerzas fundamentales de la física.
Hay ciertos sentidos del ser humano que no pueden ser vistos desde esa perspectiva, ya que no son materia sino esencia, como la voluntad, el sentido de libertad, la curiosidad, e incluso la necesidad de dar explicación a las anteriores. Esto nos da la pauta para comprender tres realidades fundamentales para la siguiente discusión:
1.- Los seres humanos estamos hechos de materia, pero no sólo de ella.
2.- Alguien tuvo que poner la materia y también la esencia.
3.- Ese Alguien trasciende nuestro concepto de materia y de esencia.
Santo Tomás, en las vías tomistas, esclarece un camino o un hilo conductor por el cual podemos hacer distintos razonamientos filosóficos de manera que nos encontremos con la verdad. En la segunda vía, llamada la vía de la "subordinación de las causas eficientes", Santo Tomás menciona que no puede existir nada que sea causa de sí mismo y esto lo podemos ver en la naturaleza, en nuestros ancestros en la reproducción de las especies, etc. Nadie puede autogenerarse así mismo, al igual que la materia no puede generar otra cosa que no sea materia.
Por lo cual es necesario que exista una primera “causa eficiente”, que es Dios mismo, quien ha puesto la materia y la esencia en todos nosotros.
Esta podría ser una de las primeras razones por las cuales no podemos buscar la verdad solamente a partir de la ciencia, porque tenemos que identificar que los seres humanos no estamos compuestos solamente de materia. Ciencias como la química o la física, única y exclusivamente pueden estudiar la materia, entonces van a existir partes de nuestro conocimiento humano que no pueden, por definición, ser explicadas desde esta perspectiva.
Entonces, ¿sí se contradicen, o no?
Una de las principales razones por las cuales sabemos que la ciencia y la fe no chocan sino que se necesitan una a la otra, es la dimensión de la fe humana. Más allá del concepto religioso al cual solemos acudir, la fe es el mero acto de creer en uno o varios testigos dignos de fe. Según el P. Carreira (QEPD), la fe humana nos da la mayor parte de nuestro conocimiento, nos da certezas acerca de nuestra propia experiencia, y nos explica cosas que no entendemos.
Todo el conocimiento que tenemos en nuestra vida, todo lo que sabemos de nuestra historia, de nuestro alrededor es porque de una u otra manera le tenemos fe a alguien que nos lo comunicó. Si tenemos fe en la historia de México es porque nuestro maestro nos lo enseñó o porque lo leímos en algún libro, pero a fin de cuentas nuestro conocimiento está fuertemente basado en lo que conocemos por otras personas, por estos llamados “testigos dignos de fe”. Si no tuviéramos una fe humana resultaría prácticamente imposible creer ni en la religión ni en la ciencia ni en la historia ni en la literatura ni en ninguna otra rama del conocimiento humano.
¿En dónde se encuentra el link entre ellas?
Ya hablamos de que hay una relación estrecha entre la religión y la ciencia, pero ¿dónde convergen? En un inicio hablamos de que existen límites y que en algunos casos estos se entrecruzan o existe una delgada interfaz entre ellas. Los más escépticos se han hecho preguntas importantes al respecto. Un claro ejemplo de esta convergencia es que mientras más científicos investigan nuestros orígenes, más improbable parece nuestra existencia. Si se define un milagro como un evento infinitamente improbable, entonces nuestra existencia, podría decirse, es un milagro.
Durante las llamadas experiencias religiosas o místicas, experimentamos el milagro de la realidad, y especialmente su bondad, de una manera poderosa y visceral, lo que hace que sea difícil de creer que la realidad se deriva del puro azar. Incluso Steven Weinberg, físico y ateo inflexible, admitió una vez que "a veces la naturaleza parece más bella de lo estrictamente necesario".
Al observar el complicado conjunto de ecuaciones involucradas en la creación y el orden del universo, uno (creyente o no) no puede evitar preguntarse si hay una inteligencia superior que esté realmente detrás de todo (#tb a la segunda vía tomista). De hecho, hay científicos que ven una mano inteligente en la estructura del universo, tanto en lo que es físicamente observable como en las matemáticas necesarias para explicar su estructura. Por ejemplo, el valor de pi (3.14...) está presente en muchas de las ecuaciones que explican nuestro entorno. ¿Son estos marcadores de perfección? ¿Y ésta perfección de dónde viene, cómo se logró?
De igual forma, desde el lado espiritual se sabe que no se puede dejar completamente de lado al racional. En el 2009, el Papa Benedicto XVI pronunció un discurso en la Universidad de Ratisbona en el que dió una perspectiva sobre la intersección de la fe y la razón, y posteriormente la religión y la ciencia. "El espíritu científico es la voluntad de ser obediente a la verdad y, como tal, encarna una actitud que refleja uno de los principios básicos del cristianismo". Pensemos un poco sobre esto. Al buscar la verdad, la ciencia refleja un valor religioso central. La ciencia busca la verdad sobre la mecánica y la Iglesia revela verdades sobre el "por qué" de la existencia de la mecánica, por ejemplo. En lugar de verlos como incompatibles, los vió como reflejos de dos valores básicos necesarios: la fe y la razón. En el centro mismo de su mensaje había una súplica para que la gente fuera razonable. Las personas con puntos de vista opuestos deben al menos compartir un compromiso con la "razón". No se puede, ni debe, estar tan anclado en la fe como para rechazar lo que es razonable.
Pero, contrario a lo que se podría pensar, para entender bien el punto clave donde convergen ambas ramas, tenemos que entender la visión que tiene cada una por separado. Porque la visión de la fe siempre busca responder a la pregunta “¿Cuál es la relación entre mi existencia y Dios?” mientras que la visión de la ciencia busca responder a la pregunta “¿Cuál es la relación entre mi existencia y la existencia de todo lo demás que existe?” de manera que encontrar este punto de convergencia es imprescindible para poder hablar de fe y ciencia como dos caminos que nos llevan hacia la misma meta: el encuentro con la verdad, la belleza y el bien.
¿Ciencia sin religión? ¿Religión sin ciencia? De ninguna manera funciona. Es como pensar que podemos tener creación sin un creador, Dios sin amor o la Tierra sin gravedad.
"La fe no solamente se cree, se piensa.
Si no existe pensamiento, no existe la fe."
-San Agustín
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